Tu cuerpo también habla… y muchas veces, es el primero en hacerlo.
A veces creemos que podemos con todo. Que debemos aguantar, sostener,
resistir. Que es normal estar cansadas, vivir corriendo, postergar el descanso y
silenciar lo que sentimos. Pero el cuerpo no olvida. Y cuando la vida no logra
detenernos por fuera… es él quien empieza a hablar.
Pequeños dolores que se repiten. Una fatiga que no se pasa con dormir. Ganas
de llorar sin motivo. Ansiedad que se instala. El desinterés por lo que antes nos
ilusionaba.
El cuerpo nos susurra primero, y si no lo escuchamos… grita.
No es debilidad. Es una llamada.
Hay una creencia muy extendida de que parar es rendirse. Pero es al revés: a
veces, solo al detenernos empieza de verdad nuestra vida.
Cuando el cuerpo te pide una pausa, no lo hace por debilidad: lo hace por
sabiduría. Porque sabe que necesitas volver a ti. Que algo dentro pide aire,
tiempo, cuidado.
No se trata de escapar, ni de dejarlo todo. Se trata de habitarte de nuevo, de
recuperar tu centro, de hacer espacio a lo que verdaderamente importa.
La pausa como inicio
Muchísimas mujeres que acompaño llegan a mí con esta sensación de
saturación, pero sin saber por qué. Casi siempre, esa “pausa” que piden no es
solo física. Es una pausa emocional, vital. Un llamado a revisar su historia, a
comprender lo que han sostenido, a reconectar con lo que dejaron atrás de sí
mismas.
Y cuando se permiten hacer ese alto, cuando se dan permiso para escuchar lo
que su cuerpo está intentando decirles, todo empieza a reordenarse.
El acompañamiento no busca soluciones mágicas, sino espacios seguros para
mirar, nombrar, sentir… y transformar desde ahí.
No sigas adelante sin ti
Si algo dentro de ti está pidiendo parar, no lo ignores.
Porque tal vez no estás rota. Solo estás cansada de estar lejos de ti.
Y esa pausa, en lugar de ser un freno… puede ser tu punto de partida.
